Sitio Oficial dedicado al Mago Coria
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Entrevistas al Mago

Algunas entrevistas al Mago Coria

Ahí arriba, mucho más cerca del cielo, en el moderno y luminoso piso 21 del edificio de la avenida Rivadavia al 2100, en la costanera rosarina, Guillermo Coria sale al balcón y mira la inmensidad del río Paraná. "Es una vista increíble, ¿no? Mirá hasta dónde se ve...," se asombra, feliz por estar al menos por unos días en su hogar, ése que comparte con su esposa Carla y que tan poco pueden disfrutar. "No sé si habremos dormido cuatro noches acá..." —confiesa—. "Es que viajamos tanto que no estamos nunca. Fijate: el otro día llovió muchísimo y como no estábamos entró agua por las ventanas. Ahora vamos a tener que plastificar el piso..."
Coria, en la intimidad. Boina negra hacia atrás, campera roja, jean, zapatillas. Carla sirve café y gaseosas. Hay temas de sobra. Hay críticas, hay dudas, ¿hay fantasmas? Hay un Coria firme, decidido, siempre cordial, que contesta todo.
—Antes de Roland Garros 2004 eras Gardel; ahora sos discutido. Que perdés finales, que perdés en la Copa Davis... ¿Te duele?
—Es que acá si no ganás torneos importantes piensan que te va mal... No ven la regularidad. En vez de jugar torneos chicos y ganarlos, apunté a los grandes. Hay jugadores que ganaron cinco o seis títulos en el año, pero no van al Masters... Ojalá pueda seguir perdiendo finales con los mejores, con Federer, con Nadal, y no perderlas con el número 60 del mundo... Me voy a preocupar si llego a diez finales y pierdo las diez... Para mí, éste es el mejor año de mi carrera.
—¿En serio lo decís?
—No tengas dudas. Es el más regular de todos, hasta en los Grand Slams: cuartos en el US Open, octavos en Australia, en Roland Garros y Wimbledon; dos finales de Masters Series. Y todo esto volviendo de una operación (la del hombro derecho) tan jodida. Si hace un año me hubiesen dicho que iba a hacer todo esto, no lo hubiera creído... Salvo por lo de la Davis, estoy muy conforme con todo. Y muy agradecido a mi equipo de trabajo: se nota que estamos haciendo las cosas bien. Después, ganar siempre no se puede... Lo de las críticas ya pasó con Gabriela (Sabatini), que es más reconocida en el resto del mundo que en la Argentina...
—David Nalbandian está rotulado de jugador copero. ¿Vos no lo sos?
—Es cierto que no pude ganar buenos partidos en la Davis, pero también lo es que no jugué en mi superficie preferida. Con Hewitt, en Australia, hice un partido largo, muy parejo, y no le gané porque en césped me cuesta. Si hubiese perdido en polvo, ahí sí diría: Algo falla. Y me preocuparía. Ahora, en Eslovaquia, perdí porque Beck y Hrbaty fueron mejores que yo. Beck era ganable, pero la superficie me complicó mucho. Estoy esperando mi oportunidad. Lo mío es similar a lo de Gastón (Gaudio). El, antes de Málaga, era copero... Después, no. Y lo mataron... ¿Sabés qué hubiese sido más fácil para mí? No jugar contra Hrbaty... Decir cualquier cosa...
—¿Cómo qué?
—Que estaba cansado, que no me sentía bien... Pero dije: Quiero estar, quiero jugar porque me encanta representar al país. Afronté el desafío. Y perdí. Si ganaba hubiese sido Dios... Somos así; opinamos de todo. Y opinar de tenis no es sencillo... Mirá, yo no busco ser héroe nacional, no me interesa... Esto es un equipo. Y entonces fui, puse la cara, luché hasta el final, entregué todo... Si no hubiera jugado, desde cagón en adelante me hubiesen dicho de todo...
—¿Te falta confianza en vos mismo?
—Quizás, puede ser... Pero fijate todo lo que les costó volver a los lesionados seriamente. Y yo me fui de los diez primeros del ranking apenas dos semanas. Volví y me mantengo ahí. Cambié mi físico, aumenté tres o cuatro kilos de masa muscular, no me lesioné más, estoy jugando más agresivo. Son todas cosas que hay que tener en cuenta a la hora del análisis.
—¿La unidad del equipo en la Davis es real o ficticia?
—Es muy difícil que seamos mejores amigos todos, pero damos todo por ganar la Copa. Tenelo por seguro. A todos nos gusta jugar en equipo, tirar para el mismo lado. Lo que hacemos nos sale de adentro. Y nadie actúa, nadie es falso.
—¿Por qué creés que Nalbandian, a su llegada, dijo que las cosas se podrían haber hecho mejor en Bratislava?
—Porque es verdad: hay algunas que se podrían haber hecho mejor. Por ejemplo: no podemos compartir el hotel con los periodistas y los simpatizantes porque no tenemos intimidad, no nos relajamos. Son errores para no repetir. Allá, después de la serie, nos juntamos en una habitación y cada uno dijo sus cosas. Fue una charla muy positiva; no hubo reproches ni roces. Y ya que hice una referencia a los hinchas argentinos, quiero agradecerles todo el aliento y el apoyo que nos dieron.


"Y... Se lo va a extrañar. Siempre se mató por River, siempre dio lo mejor. Estoy seguro de que el Matador se merecía otra despedida". Aunque no apoya la rodilla izquierda en el piso, ni levanta el dedo índice de la mano derecha, Guillermo Coria confirma con palabras su incondicional admiración por Marcelo Salas. Y aunque no es necesario, explica sus sentimientos, los argumenta. "El chileno fue, es y será único para los hinchas. Nos hizo gritar muchos goles. Creo que habría que hacerle un partido despedida", cuenta el Mago, el futbolero, el fan número uno del trasandino, el que le copió el festejo y, sobre todo, el hincha que dice estar loco por River. El tenista que agradece dejar a un lado por un segundo el triunfo ante Australia por la Copa Davis y la recreación de su cruce con Leyton Hewitt. El mismo que mientras se prepara para viajar a Canadá y jugar el Master Series de Montreal (arrancará el 1° de agosto), se prende en la propuesta de Olé:
hablar de River, de su River, del nuevo River...
—¿Te gusta cómo se está reforzando o creés que se necesitaban otros jugadores?
—Sí, me gusta. Al equipo hay que verlo en la cancha, pero los jugadores que llegaron me parece que son interesantes.
—Los hinchas votaron a San Martín como el mejor refuerzo en una encuesta de Olé, ¿vos a quién elegís?
—También. De los que están en la Argentina, era el que más me gustaba para ocupar el lugar que dejó libre Mascherano.
—¿Y de afuera?
—Ponzio. Fue una lástima que no se haya dado. Hubiera sido clave para River porque no cualquiera puede reemplazar a Mascherano.
—Una gran pérdida, ¿no?
—Seguro. Tanto a él como a Lucho se los va a extrañar mucho. Pero tengo fe en San Martín, Galván, Oberman... En que todos los que el club contrató hagan que no se extrañen tanto.
—Imaginá que Aguilar te da la chance de incorporar a un jugador más. ¿Quién sería?
—Uh, es difícil. Como hincha, yo traería otro delantero.
—¿Quién? Dame un nombre.
—A Cavenaghi, al Cavegol. Es un jugador bárbaro. Y también una gran persona. Tuve la suerte de conocerlo en París y me di cuenta de que es un fenómeno.
Como un chico que hace guardia en la puerta del Monumental, sin temor a mostrar su costado cholulo, Coria recuerda su encuentro con el Torito. No da detalles, pero es fácil imaginarlos. Hace un tiempo, por caso, reveló que aún hoy conserva la servilleta en la que Gallardo, Ortega y Salas estamparon sus firmas sin imaginarse que, años después, aquel cazaautógrafos se convertiría en uno de los tenistas top del mundo. "Un tesoro", dice sobre ese pedazo de papel, que según su familia sólo está a la altura de la camiseta que el propio Muñeco le regaló o la que la Gata Fernández (otro con quien también tiene una buena relación) le prometió y obsequió el año pasado.
Con tantos viajes, torneos y compromisos, para el Mago no es sencillo mantenerse al tanto de todo lo que pasa en la Argentina. Aunque sí lo logra con River, el equipo del que se hizo fanático. Tanto como para mandar a hacerse una camisa especial con la banda roja cruzándole el pecho para usarla en su... ¡casamiento! O tanto como para que Carla, su esposa, le rogara que se calmara por temor a que los echaran del hotel en el que se alojaban. ¿El motivo? Los gritos de Willy frente a la computadora, la noche de la semi contra Boca por la Libertadores 04. Y es que para Guille ("Soy un 9 rapidito, que antes se defendía", según su definición), la Copa también es la obsesión.
—¿Con ganar la Sudamericana no alcanza para este año?
—Sería muy importante, claro. Pero el hincha quiere la Libertadores. Para mí no es lo mismo.
—¿Por qué?
—Es como ganar un Grand Slam o un Master Series... Hay diferencias. La Libertadores es lo máximo, es un Grand Slam.
—¿Y seguís confiando en Astrada para lograrlo?
—Yo banco a todos los que están. Y mucho más a los que sienten la camiseta. Lo siento así.
—No todos piensan como vos.
—Y... Yo nunca putearía a un jugador. ¿Por qué? Soy deportista y sé que podemos tener un mal día. Por eso, hay que bancarlos.
—Un punto discutido es el arquero. ¿A vos quién te gusta?
—Los dos. Es difícil contestar quién tiene que atajar. Tenemos dos grandes arqueros...
—Ok. ¿Estás de acuerdo con el estilo de juego que propone?
—Sí.
—Terminá la frase: "Si Boca es un Dream Team, River es..."
—Un nuevo equipo, con ganas de ganar todo. No hace falta tener muchos nombres para ganar todo... Hace falta tener hambre de gloria. Es lo más importante. Prefiero un River equilibrado. Si se gana jugando lindo, mucho mejor. Lo que me deja tranquilo es que River siempre tuvo magia en su fútbol. Eso es histórico.
—¿Te debés algún sueño?
—Uy, sí... Entrar con el equipo al Monumental, con las tribunas repletas. Te juro que sólo eso. Sería muy groso. ¿No te dije que soy un loco por River?


Habla del 2005, horas antes de que se escape, y destaca un hecho: el triunfo por la primera ronda de Copa Davis contra República Checa, en el Lawn Tennis. Su debut como local representando al país. "Viví los días más felices del circuito. Fue algo impresionante. Corearon mi nombre, le di los dos puntos al equipo...".
—Después cambió la mano...
—Me tocó jugar en superficies que no son mi fuerte, con Australia y Eslovaquia. Así y todo hice lo posible. Me habría gustado ganar el cuarto punto ante Eslovaquia, pero Hrbaty me superó muy bien. Sacando el tenis, creo que lo que se vive en la Copa no se vive en ningún lado. Uno se siente muy feliz, muy protegido, muy acompañado y eso es algo espectacular.
—¿Cómo terminó todo tras la caída con Eslovaquia en semi?
—Nos juntamos en una habitación en el hotel de Bratislava. Estuvimos hablando bastante para el año que viene hacer bien las cosas... No es que se hayan hecho mal (NdeR: Nalbandian declaró eso al regresar de Eslovaquia). Nadie hace las cosas para mal queriendo. Todo lo que se intenta es para mejor. Pero por ahí cambiar algunas cositas y seguir la comunicación que tenemos entre todos, que es fundamental. Haber hecho semifinal fue positivo, pero a nosotros lo único que nos sirve es final o campeón. Semifinal no. Te deja caliente porque estuviste ahí.
—¿Qué faltó o falta?
—Todo depende mucho del sorteo, la superficie, el día de cada jugador... Fijate que fuimos a Eslovaquia con un equipazo en ranking y de repente nos encontramos con un doble que nadie tenía en cuenta. Jamás imaginé que Beck y Mertinak jugarían así. Sus tres hombres rindieron en el mejor nivel. Igual, nosotros vamos por buen camino.
—¿Qué cosas se hablaron en aquella reunión del equipo?
—Estábamos todos, hablamos todos, ahora no recuerdo puntualmente qué se planteó. Cada uno dio sus opiniones. Recuerdo que fue una reunión muy positiva, con buenas intenciones. No tengo años de Copa, pero no sé si es habitual juntarse tras una derrota para pensar en el año siguiente. Lo que se hizo fue para el bien del equipo. Se te pueden escapar detalles...
—En Eslovaquia te sumaste más tarde al resto del equipo porque llegaste a la final de China. ¿Eso perjudicó tu adaptación a la superficie?
—Eso solo no te garantiza un triunfo. Repito: ¿Viste cómo jugaron ellos? Yo te puedo decir en lo personal: no me arrepiento porque hablé con Luli Mancini y necesitaba ir a China y jugar partidos porque no me había quedado buena sensación del US Open, más allá de que hice cuartos. En China, haberle ganado a Youzhny un partido duro y en semi a Johansson, luego de haber levantado match points en contra, me sirvió. Y llegué diferente a Eslovaquia. Pienso que si hubiera ido directo del US Open a Eslovaquia, habría jugado peor de lo que pude dar. Nunca se sabe cómo se dan las cosas. Por ahí yo ganaba el partido con Hrbaty y después me equivocaba en la final. Es bueno analizar los casos de cada uno.
—O sea: preferiste sacrificar días de adaptación a la carpeta eslovaca para levantar en lo anímico.
—Claro. Uno hace todo de buena fe. Fijate que en Roland Garros le dije a Luli: "Para ir a Australia estoy. Sé que hoy no entro en los singlistas titulares porque están Nalbandian y Cañas, que son mejores. Voy igual". Y no me importaban los torneos de polvo que había en esa época. Para mí era importante sumar por el Masters y porque me jugaba muchos puntos. Entonces fui a Wimbledon a preparar el césped. Lo que hice en Eslovaquia fue pensando en lo mejor para mí y para el equipo.
—¿Cómo quedó el panorama en el equipo para el 2006?
—Se verá la situación y la confianza de cada uno y habrá que charlar entre todos, no sólo con el capitán, y por qué no tener opiniones de otros jugadores.
—Gaudio dijo en una nota que aún había una deuda en el rubro sacrificar objetivos personales en función del equipo.
Respeto la opinión de cada uno. Es muy importante para el equipo Gastón, pero... Se dejaron cosas de lado. Todos lo hicimos. A Eslovaquia, Puerta fue sin saber siquiera que iba a jugar el doble. Yo, al menos, tenía chance de estar el último día. Contra República Checa igual. Yo terminé la gira indoor y tenía invitación para ir a Acapulco.
—¿Entonces creés que los esfuerzos individuales se hicieron y se hacen?
—Eso está recontraclaro. Hasta garantías se resignaron. Todo para el bien del equipo. Es muy difícil conformar a todos en un grupo. Por ahí lo que yo estoy diciendo no es compartido por otro jugador del equipo o por el capitán. Es bueno hablar todos y sacar lo mejor. Una vez que se decide algo, darle para adelante sin dudas. Fue muy positivo lo que se logró este año: la unión, la comunicación, la reunión después de haber perdido.
—¿Y ese rumor permanente de la mala relación y peleas entre algunos de ustedes? ¿Es real? ¿Te molesta?
—Eso va a pasar siempre. En el tenis no hay muchos amigos, grandes amigos, como se dice. Hay buenas relaciones, de respeto.


"ESTO ME DOLIO MAS QUE PERDER LA FINAL DE ROLAND GARROS"
El día después de la rápida despedida de Guillermo Coria de la Copa Telmex, se asemeja a un infierno, pero no por sus permanentes problemas con el saque. Sólo por los 35 grados que abrasan el mediodía de Villa Urquiza, coqueto barrio porteño donde el 7 del mundo y Clarín tuvieron una charla a solas. Este día que quema es, en todo caso, el inicio de un tiempo de reflexión para el Mago.
—¿Qué es lo peor que pensaste en todo este tiempo?
—El partido que perdí en este torneo. Adentro de la cancha me sentí mal, por estar frente a mi público. Y no es que me presionó eso, porque las doble faltas las traía desde antes, pero no pude demostrarles mi mejor tenis. Por dentro estoy tranquilo porque di lo mejor de mí, pero en ese momento estaba desilusionado y con la cabeza bloqueada.
—¿Por dónde hay que ir a buscar una respuesta a este problema?
—Estoy buscando por todos lados y cada vez se va haciendo más difícil. Me hago responsable de todo lo que está pasando y no debo tomar ninguna decisión apresurada.
—¿Por qué no crees en los psicólogos?
—Respeto su trabajo, pero no me van a solucionar el saque; estoy convencido de eso. Necesito trabajar, dedicarle horas y dar lo mejor de mí, como lo vengo haciendo. Y confío en la gente que me rodea.
—Pasaste bien la operación del hombro, pero cambiaste la técnica en el saque.
—Fueron seis meses. Nadie se imagino que pudiera volver a jugar tan rápido, entrar al Masters, mantenerme entre los diez. Uno se olvida de todo lo que vivió. El hombro estaba perfecto, pero me trajo problemas en otras partes, que fui solucionando con Capitaine, el gran preparador físico que tengo. Era obvio que iba a tener problemas de saque y que me iba a faltar coordinación después de tanto tiempo parado.
—¿Por este cambio te echás culpas o le reprochás algo a Perlas?
—No, no... Cada uno hace lo mejor para ayudar. No le reprocho nada; pasamos un año juntos. Menos a mí. Fueron varios meses que no sabía si iba a volver a jugar. Cuando salí de la operación estaba muy dolorido; sufrí.
—Viviste momentos difíciles. El dóping, la operación. ¿Hay que buscar allí el método para salir adelante?
—No. Entrenando saco bien. Falta soltarme en los partidos y no darle tanto poder al pensamiento de la gente. Creo que lo que se opina o se diga, me juega en contra. Debo escucharme más a mí.
—La pregunta optimista es: ¿cuándo se termina esto?
—Si lo supiera estaría más tranquilo. Tengo que ponerle todo.
—Y la pesimista es: ¿y si no encontrás una solución?
—Lo voy a seguir intentando hasta que no dé más. No voy a tirar la toalla rápidamente.
—¿Si hubieras ganado la final de Roland Garros, estaríamos hablando de esto hoy?
—Te digo la verdad: no sé si hubiera vuelto a jugar después de la operación que tuve. Haber ganado Roland Garros me hubiese relajado y no le habría dado importancia a volver rápido ni a contratar gente muy buena. Hay que pensarlo desde ese lado. No ganar me dio fuerzas para salir adelante y solucionar los problemas. En el 2005 tuve chances en Montecarlo y Roma. De haber ganado una final de Masters Series, el año hubiera sido diferente el año.
—La gente te trató como a un hijo. Sufría como vos.
—Me vieron como soy. Yo soy así. Cometí muchos errores en la cancha, sobre todo cuando era más chico, pero quiero revertir esa situación. Mi meta es ser un ejemplo para los chicos. Soy como ustedes me conocen fuera de la cancha. Con Ramírez Hidalgo me la banqué bien, no protesté, y por ese lado me voy contento, porque estoy mejorando.
—¿Reconocer tu problema es un primer paso para hallar la solución a este momento?
—Puede ser, cómo no. Antes iba al frente como loco, era muy apasionado en mi forma de jugar, gritaba los puntos y tenía problemas. No es fácil cambiar y ser un tipo tranquilo como cuando estoy fuera de la cancha.
—¿Cómo te ves en seis meses?
—Hoy no lo puedo imaginar porque no veo muy claro. El 2005 lo terminé caliente porque había derrotas que no me dolían. Y antes sí me dolían. Y lo que sentí el miércoles me dolió más que cualquier derrota. Es más: ésto me dolió más que la final de Roland Garros, porque allá perdí jugando, entregando todo. Me acalambré y son cosas que pasan. Pero acá estaba desilusionado, ante tanta gente que me apoyaba para que pudiera salir. El aliento me sirvió mucho.
Acerca de su entrenador: "Ahora estoy entrenando con Diego Moyano, que me está ayudando. Tengo un equipo grande y no me quiero apresurar en ninguna decisión".
"Quiero pensar bien qué hacer. Le estoy muy agradecido a Diego. El se retiró hace poco, está en forma y entrenamos en Venado Tuerto. Es lo que necesito ahora. No estoy buscando como en su momento busqué a Perlas".

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